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Lo peor del Perú son … sus autoridades

[Uno de los tres trabajos finales del curso de Redacción para la Comunicación, presentados el 6 de diciembre de 2005 … a pesar de la odisea que significó entregar este trabajo (una muy larga historia!) los resultados finales lo resumen todo: 14 de promedio, posición 3 entre 25 alumnos!]

Lo peor del Perú son … sus autoridades

Recuerdo uno de los pasajes de las Tradiciones Peruanas, donde Ricardo Palma nos cuenta que Santa Rosa de Lima en un momento de meditación le pide a Dios muchas bendiciones para el Perú: tierra fértil, gente buena, muchas riquezas, pero deja para el final pedir gobernantes capaces y Dios, cansado de aceptarle tantos pedidos, ya no se lo concede. Así que podríamos culpar a la santa limeña de dejar a nuestro país sin lo más importante: gobiernos dedicados al servicio de la gente.

Y que nos quedamos sin autoridades que se preocupen por los ciudadanos es verdad. Desde el nacimiento de la República Peruana, hemos vivido rodeado de políticos luchando entre sí por alcanzar el poder (no sólo en elecciones sino también en guerras civiles), presidentes que se mantuvieron pasivos ante la corrupción (si es que no participaron de ella, tomando una buena tajada) y congresistas que prometen muchas cosas y que, llegada la hora, solo se preocupan a vivir a sus anchas.

Pero no se crea que estas muestras de viveza sólo se encuentren en los niveles más altos. Podemos observarlos más de cerca, con los presidentes de las Asociaciones de Padres de Familia en los centros educativos, que realizan rifas, bingos y parrilladas durante un año y cuyos fondos desaparecen por arte de magia (“sólo hubo pérdidas”, ellos dicen); con los alcaldes distritales que se pasan la mayor parte de su periodo colocando a familiares y amigos en las planillas municipales con jugosos sueldos y que sólo se preocupan de hacer obras por sus ciudadanos justo antes del siguiente proceso electoral; y de los policías que exigen mejores sueldos pero que se estacionan en cualquier esquina para pedir “coimas” a todo incauto (o vivo) que se pasó la luz roja.

Y pregunto: ¿Existe alguna esperanza de que podamos encontrar personas que tengan vocación de servicio? ¿Este es el país que nos merecemos?

Pues, quien sabe. Bien dice un dicho que cada país tiene los gobernantes que se merecen, y aquí parece que se cumple a cabalidad. Un país donde un exgobernante consiguió casi el 50% de los votos en la elección presidencial pasada; y donde ahora él, junto a otro expresidente con también probada participación en actos de corrupción y de lesión a los derechos humanos, se prestan a participar en la próxima contienda electoral con el apoyo de un porcentaje importante de la población.

Pero así seguiremos diciendo con orgullo: ¡Viva el Perú, c…! ¿Realmente debemos sentirnos orgullosos de ellos?

Cuando Google no es suficiente

[El último ejercicio de Redacción para la Comunicación. Siempre quise escribir sobre el tema, pero nunca habia tenido tiempo … obviamente falta afinar algunos detalles, pero la idea principal está ahi!] … basado en artículos de OjoBuscador [ex-GoogleManía]

Para muchos de nosotros Google es sinónimo de búsqueda en la Red. Su método para generar resultados de acuerdo a la popularidad de las páginas web consiguió que súbitamente cambiáramos a AltaVista por este nuevo buscador (para quienes llevamos muchos años usando la WWW). Sin embargo, hay ocasiones en las cuales “No Tenemos Suerte”. Es aquí donde se hace necesario el uso de más de una herramienta para localizar información en la Red.

Google, siendo un buscador que no considera la semántica puede traer problemas. Por ejemplo, al colocar la secuencia “respeto mutuo definición”, obtenemos páginas cuyos títulos van desde “Definición de la diversidad, el prejuicio y el respeto”, pasando por “Plan de Estudios. Facultad de Psicología”; hasta “Conferencia de Prensa Ofrecida el 3 de Marzo de 2005”. No todos los resultados tienen que ver con lo que realmente estamos buscando: una definición clara acerca del respeto mutuo.

El hecho de depender de un solo filtro para localizar datos, basada sólo en la cantidad de sitios web que hacer referencia a una página nos deja vulnerables a un fenómeno denominado “Google Bombing”, que consiste en un engaño provocado por miles de usuarios que enlazan una página con una determinada palabra frase. Al escribir “miserable failure” en la versión inglesa de este buscador encontraremos como primer enlace a la biografía oficial del presidente de los Estados Unidos.

Estos errores observados al momento de indagar información en Google nos inducirían a pensar que debemos cambiar inmediatamente a alguna de las otras opciones de portales en Internet en nuestro idioma, como Yahoo!, MSN o AskJeeves, pero la respuesta va más allá: usar un conjunto de buscadores que, combinados, puedan ayudarnos a localizar realmente lo que queremos.

Google, Yahoo!, MSN y AskJeeves son los cuatro grandes buscadores que utilizan tecnología propia. Cada uno de ellos brinda a sus usuarios diversas características que, en conjunto, pueden ampliar las posibilidades de éstos. Para los usuarios latinoamericanos es más cercano utilizar Google porque es el más difundido, es sencillo de usar y tiene una página de inicio para cada país (google.com.pe, google.com.co …). Además, las demás transnacionales se han movido lentamente hacia el mercado de habla hispana, y en fechas recientes han implantado sucursales en países como España y México.

En esta dirección, los usuarios de habla anglosajona nos llevan ventaja, ya que recientes estudios demuestran que ellos utilizan más de un buscador en Internet. Han aprendido a complementar los resultados de varias fuentes, cruzar información y aprovechar las capacidades especiales de cada informante, como traducción de páginas, búsqueda de definiciones, y otros operadores especiales.

Google no deja de sorprendernos cada día con nuevos servicios complementarios a la labor de indexar la mayor cantidad de documentos en la Red, pero también hay esfuerzos de otras compañías que pueden ayudarnos a navegar entre las toneladas de información que hemos llegado a tener a nuestra disposición a un clic de distancia.

La Historia de Paraíso

[El más reciente trabajo de Redacción para la Comunicación, basado en el documental “Memorias del Paraíso” de Sonia Goldenberg]

La historia comienza en Yungay, pueblo del departamento de Ancash. Minutos después de las tres de la tarde del 31 de mayo de 1970 un terremoto de 45 segundos de duración provocó un aluvión que sepultó la ciudad.

Se registraron alrededor de 70 000 muertos. Los sobrevivientes cuentan que se pudo distinguir cómo una ola de lodo y piedras proveniente del nevado Huascarán se acercaba ruidosamente a la ciudad mientras sus pobladores gritaban: “¡Corran, aluvión!”, y trataban de dirigirse al cementerio, el punto más alto de la ciudad. Algunos de ellos conservan hasta hoy algunos objetos que pudieron recuperar, como un baúl, la imagen de San Martín, o la foto de la novia que falleció en la tragedia.

Es en esta situación en que se corre la voz entre los damnificados de buscar nuevas oportunidades colonizando la selva. Así, un grupo de quinientas personas, agrupadas en 180 familias, decide salir de lo que quedaba de Yungay, rodear la Cordillera de los Andes en un viaje en omnibus y dirigirse al otro lado de los Andes, para fundar una nueva ciudad a orillas del río Huallaga.

Los recién llegados fueron recibidos por el ingeniero Paulikoski, quien dirigió la construcción de las primeras viviendas. La alegría era inmensa y la sensación general era de llegar y establecerse. Reunidos todos, deciden llamar a este lugar Paraíso, debido a la gran cantidad de vegetación y a su proximidad al río, descripciones que coinciden con las precisadas en la Biblia.

Los nuevos pobladores no estaban acostumbrados a las condiciones de la selva: se enfermaban, temían a las serpientes e insectos, detestaban a los zancudos y sufrieron mucho. Aún así, pudieron permanecer en dicho lugar gracias al apoyo económico del Gobierno y de organizaciones internacionales, quienes financiaron la compra de semillas, la construcción de viviendas y la adquisición de ganado hasta el año de 1975.

Al terminarse los fondos de ayuda, los habitantes perdieron su ganado y sus cosechas se pudrieron al no contar con vías de acceso que les permitieran transportar sus productos. La situación fue propicia para el inicio del auge del cultivo de la coca, en 1977. Era una planta que no requería mayor cuidado y de fácil cosecha, razón por la cual todos los propietarios de terrenos comenzaron a cultivarla.

Diez firmas colombianas llegaron a establecerse en la localidad. En un momento dado, el 70% de sus habitantes era proveniente de Colombia, convirtiendo a Paraíso en un pueblo con una población muy grande, con siete aeropuertos por donde se transportaba la droga y donde todos tenían “para vivir bien, comer bien y emborracharse”, según cuenta un actual poblador de la zona.

Este periodo de prosperidad comienza a decaer en una tarde de agosto de 1984, cuando llega un grupo de senderistas a la zona. Con un discurso convincente acerca de la defensa del pueblo frente a las amenazas de policías y yanquis, convierten a parte de sus pobladores a su ideología. Empadronan a todos los habitantes para luego establecer tres reglas: Nadie vende coca, nadie tiene coca y los senderistas son los que imponen el precio.

A partir de ese momento la población es reunida frecuentemente para presenciar el asesinato de muchos hombres, desconocidos para ella. Los que se atrevían a llorar eran cubiertos de la sangre de los victimados y se les obligaba a bailar encima de los cadáveres.

En octubre de 1987, el mayor narcotraficante de la zona, apellidado Machi, decide enfrentar militarmente a Sendero Luminoso en una fortaleza construida por él mismo. Durante los dos días que duraron los enfrentamientos, senderistas, sicarios y civiles resultan asesinados. Al final de la lucha, y antes de que sea capturado por los senderistas, Machi es rescatado en un helicóptero de la Policía Nacional, siendo hasta hoy su paradero un completo misterio.

Para tratar de acabar con el poder que obtiene Sendero en la zona, el Ejército bombardea la ciudad. Más de mil personas son asesinadas. Las víctimas de las Fuerzas Armadas son arrojadas en sacos al río con piedras y fierros, para evitar su reconocimiento; mientras que los ejecutados por Sendero son abandonados en el monte con carteles encima de sus cuerpos. Los sobrevivientes de esta nueva tragedia huyen en la década de los noventa.

Ahora, muchos de ellos están regresando. De los diez mil pobladores que Paraíso tuvo en sus momentos de esplendor ahora hay algunos cientos. Ya se ha celebrado el primer año de fundación política del distrito. Los entrevistados aseguran que, a pesar de todo el sufrimiento, han decidido regresar porque consideran que es un buen lugar para vivir, con una tierra apropiada para el cultivo. Esperan que regresen las buenas épocas, esta vez sin droga y sin terrorismo.

Crónica de un asalto

Dos camionetas partieron ayer a las ocho de la mañana de la avícola “La Esperanza” ubicada en la cuarta cuadra de la avenida Rosa Toro, urbanización “Cahuache”, distrito de San Luis. Esta empresa se dedica a la comercialización de aves vivas.

En el primero de los vehículos estaban el técnico de la Policía Nacional del Perú Roberto Sánchez Huapaya, además de los suboficiales José Peña Llerena y Fernando Sánchez Cabanillas. Habían sido contratados para brindar seguridad a los empleados de la segunda camioneta, donde viajaban Hilda Meza Villavicencio, empleada de la avícola, y Luis Reynaldo Saco Jaramillo, chofer de “La Esperanza”.

Los miembros de la PNP y el conductor acompañaban a la señorita Meza, quien debía transportar dos bolsas con más de 100 mil soles de un local cercano a la empresa. Tras recogerlas, ella abordó uno de los vehículos y emprendieron el viaje de regreso.

Al mismo tiempo, cinco maleantes con armas largas ocupaban los jardines de la plaza “Patiño”, mientras que otros nueve se organizaban en tres automóviles y se disponían a interceptar a las dos camionetas.

Siendo las 8:35 a.m., y faltando tres cuadras para que los ocupantes de los vehículos arribaran al local de la avícola, los maleantes echados en los jardines comenzaron a disparar en forma sincronizada, al mismo tiempo que sus cómplices hacían lo mismo mientras seguían a la caravana.

La primera camioneta en ser acribillada fue la que transportaba a los miembros de la policía, que se estrelló contra un ómnibus de pasajeros de la ruta 54 Surquillo – Callao. Sus ocupantes, heridos, bajaron para hacer uso de su armamento reglamentario, repeler el ataque y así salvar sus vidas.

La otra huyó en la confusión, pero fue alcanzada por los demás automóviles en la puerta de la avícola. Allí sus ocupantes fueron ametrallados y los despojaron de las dos bolsas con dinero. Al intentar oponer resistencia al robo, el chofer fue asesinado de un disparo en la cabeza, mientras que su acompañante resultó herida de bala.

Un patrullero de la delegación de San Luis apareció minutos más tarde, prestándose a recoger a los heridos y llevarlos al hospital “Dos de Mayo”. Más tarde un representante del Ministerio Público se presentó en el local de la avícola para proceder al levantamiento del cuerpo del infortunado chofer.

En el lugar del ataque fueron hallados por los peritos de Criminalística casquillos de fusiles AKM y FAL, así como de revólver calibre 38 y de pistolas 9 y 22 milímetros.

Verónica Velásquez: una desempleada que vende su alma al mejor postor

NOTA ACLARATORIA: Este es un relato ficticio. Parte de los ejercicios del curso consisten en tomar noticias y reescribirlas como si estuvieramos involucrados en ellas, pero NO SON RELATOS DE HECHOS REALES.

[Un nuevo ejercicio de Redacción opara la Comunicación, basado en una noticia]

Verónica Velásquez es una economista que trabajó durante algún tiempo en la Bolsa de Valores. Ella se consideraba muy afortunada de haber conseguido el empleo apenas culminó sus estudios universitarios y creyó que lo conservaría por mucho tiempo. Se convirtió en madre soltera e hizo planes para que, con los ahorros de varios años, pudiera montar su propio negocio. Sin embargo, cambios en los cargos directivos terminaron por provocar su despido.

Desempleada y con una familia que mantener, pasó los últimos dieciocho meses buscando trabajo. Acudió a muchas empresas, presentó su currículo, rindió con éxito las evaluaciones psicotécnicas y las entrevistas pero no consiguió quedarse con algún puesto debido a su récord de deudas contraídas tras su despido.

Al borde de la desesperación, no encontró mejor solución que publicar dos avisos en importantes sitios Web relacionados con la subasta de artículos: DeRemate.Com y 123Remate.Com, ofreciendo a la venta su alma por un precio base de 4500 dólares. Con un mensaje en letras rojas, promovió su producto como “súper lindo, noble y de poco uso”.

Sorprendidos tras conocer la inusual venta, un grupo de amigos fuimos a buscarla a la dirección consignada en el aviso y la encontramos cocinando para ella y su hija de cuatro años. Vive en un pequeño departamento alquilado que a duras penas ha podido pagar. Hay pocos muebles en la sala y nos contó que los pocos electrodomésticos que tiene los compró antes de ser despedida, aunque no puede usarlos porque hace tres meses le cortaron el servicio eléctrico.

– ¿Por qué decidiste hacer algo así? –le preguntamos.
– Es mi forma de protestar ante el tema del desempleo –indicó. Estoy harta de tener montones de proyectos y no poder cristalizar ninguno por no contar con un trabajo fijo, porque la gente no confía en mí.
– ¿Cómo así llegaste a valorizar tu alma en 4500 dólares? ¿Fue producto del azar?
– No, en realidad pensé en esa cantidad porque estimo que me permitiría proseguir con mis proyectos –respondió, mientras limpiaba la sopa que derramó su hija sobre la mesa.
– ¿Así? ¿podrías contarnos de qué se trata alguno de ellos?
– Uno de los que tengo pensado es un portal de ventas de libros –comenzó a explicarnos. La idea es que las personas escojan el libro desde un catálogo, coloquen sus datos y el pago se realice a contra-entrega, cuando reciban el libro en su casa. En un principio tendría cobertura aquí en la capital y después expandir el servicio a otras ciudades.
– ¿Y que piensa tu familia sobre tu “oferta”?
– No me interesa. Después de todo estoy ‘fregada’. Ya no me quedan otras opciones.

Según la endeudada mujer, ya tendría un “interesado”. ¿Alguna pista acerca de quién se trata? No nos quiso brindar mayores detalles, pero en el sitio web su aviso reza: “Señor Diablo, si aparece en Deremate, aquí tiene un alma preciosa y muy barata”.

[Actualización: Creí que no obtendría una buena nota –estaba pensando más en mi siguiente examen de LP1 que en terminar el trabajo– pero me fue bien. Las típicas correcciones de palabras y de alguno que otro signo de puntuación]

Los tres cerditos [Recargado!]

(Este fue mi Examen Parcial de Redacción para la Comunicación!!!)

Éramos tres hermanos cerditos que vivíamos en el bosque: yo era el más joven. Mi hermano mayor era alto, de cabello corto y barba blanca; muy cuidadoso, paciente y sabio. Mi otro hermano era de estatura mediana, cabello lacio y cejas pobladas; además era sumamente ocurrente y conversador. Yo era pequeño, cara redonda, tenía orejas cortas y usaba lentes; pasaba la mayor parte del día jugando con mis amigos del bosque y nadando en el río.

No había tranquilidad en nuestras vidas porque el verano anterior habíamos sido acechados por el lobo de la montaña. Una criatura peluda, de ojos grandes, boca ancha y con largas orejas que se dedicaba a acechar a todos los animales y causar destrozos en sus casas. Así que el otoño siguiente nos reunimos los tres hermanos y cada uno decidió construir una vivienda donde protegerse.

En aquel tiempo sólo me importaba jugar y me apresuré a construir mi casita en el menor tiempo posible. La solución fue construirla de paja que recogí en el bosque. En cambio, mi hermano mayor prefirió ir a la ciudad para comprar ladrillos y cemento, mientras que mi otro hermano la elaboró con madera que taló de los árboles que estaban cerca del arroyo y algunos clavos que encargó comprar a mi hermano mayor.

Y llegó el momento en el que el lobo regresaba a perseguirnos. Nosotros nos dirigimos a nuestras casas para ocultarnos, pero yo tuve la mala suerte de que el lobo fuera directo a la mía. De un solo soplido de su trompeta la derrumbó y solo me quedó huir tan rápido como mis fuerzas me lo permitieron y arribar a la casa de mi otro hermano.

“¡Hermano, hermano, el lobo tiró abajo mi casita!”, dije al llegar. “¡No puede ser! ¿Cómo sucedió eso?”, me respondió. “Apareció frente a mi casa, saco una trompeta y al primer soplo la paja salió volando”, le expliqué. “¿Vino tras de ti?”, se apresuró en preguntarme. “Así es: creo que no tardará en llegar”. “Cálmate. Esta casa es más resistente que la que tenías: no podrá entrar aquí fácilmente. Además, en caso de que pasara algo malo podremos ir a buscar a nuestro hermano mayor, ¿no es verdad?”, replicó con una sonrisa.

No tardó mucho en aparecer el lobo. Sacó de su bolsillo su trompeta y, después de varios intentos, derrumbó la morada de mi hermano. Sin perder tiempo, el lobo se lanzó encima de nosotros, pero pudimos esquivarlo y a duras penas llegamos a la casa de nuestro hermano mayor.

“¿Qué ha pasado? ¿Porqué llegan tan agitados?” nos preguntó al vernos. “El lobo llegó a nuestras casas y sacó una trompeta, se puso a soplar y …”, alcanzó a decirle mi hermano.

No tuvimos mucho tiempo para explicarle lo sucedido, pero rápidamente se dio cuenta de la situación cuando vio venir al lobo. Cuando éste sacó su trompeta otra vez, yo y mi otro hermano nos asustamos, pero mi hermano mayor nos dijo que miráramos a través de la ventana: el lobo soplaba y soplaba, pero la casa permanecía intacta. Pasó toda la tarde haciendo lo mismo.

Al borde de la desesperación, el lobo se fijó en el humo que salía por la chimenea de la casa y se le ocurrió una idea. Desapareció por unos instantes, para luego volver con una escalera que mi otro hermano había usado para construir su casa. Subió hasta el techo y se dispuso a entrar por la chimenea.

Mi hermano mayor, apenas lo vio venir, indicó a mi hermano: “Llena esa olla grande con agua y tráela para acá”. A mi me dijo “Trae los fósforos que están sobre la mesa”. Le obedecimos y le preguntamos “¿Para que quieres todo esto?”. Nos respondió: “Tengo una sorpresa para nuestro inquieto visitante”.

Colocó la olla sobre unos trozos de leña, les prendió fuego y dejó que el lobo bajara a través de la chimenea. Cuando estaba al final de ella, el lobo saltó sobre la olla, dio un fuerte alarido y salió disparado hacia arriba.

¿Qué había pasado? Pues sencillamente que el agua de la olla estaba hirviendo y el lobo se escaldó. Tal fue su dolor que saltó hacia el suelo, olvidó la escalera y se dirigió hacia lo profundo del bosque. Los tres vimos cuando se alejaba al final del atardecer.

Desde entonces, ni nosotros ni los demás animales del bosque volvimos a tropezarnos con el lobo. Después de muchos años nuestros amigos nos contaron que lo encontraron en la ciudad, repartiendo comida vegetariana a domicilio en una moto.

[Actualización: No sé porqué, pero tengo 14 cuando esperaba más nota … además solo había cuatro correcciones, a menos que a la primera persona que corrigió no le haya gustado mi final –me puso Graciosito y lo tacho!–]

Los tres cerditos

[No alucinen, se trata de mi último Ejercicio de Narración del protagonista para el curso de Redacción para la Comunicación]

Éramos tres hermanos cerditos que vivíamos en el bosque: yo era el más joven. No había tranquilidad en nuestras vidas porque el verano anterior habíamos sido acechados por el lobo, así que el otoño siguiente nos reunimos y cada uno decidió construir una vivienda donde protegerse.

En aquel tiempo sólo me importaba jugar y me apresuré a construir mi casita en el menor tiempo posible. La solución fue construirla de paja que recogí en el bosque. En cambio, mi hermano mayor prefirió ir a la ciudad para comprar ladrillos y cemento, mientras que mi otro hermano la elaboró con madera que taló de los árboles que estaban cerca del arroyo y algunos clavos que encargó comprar a mi hermano mayor.

Y llegó el tiempo en el que el lobo regresaba a perseguirnos. Nosotros nos dirigimos a nuestras casas para ocultarnos, pero yo tuve la mala suerte de que el lobo fuera directo a la mía. De un solo soplido de su trompeta la derrumbó y solo me quedó huir tan rápido como mis fuerzas me lo permitieron y llegar a la casa de mi otro hermano.

Le conté lo que había pasado y me dijo que me tranquilizara, que su casa era más resistente que la mía. No tardó mucho en aparecer el lobo. Sacó de su bolsillo su trompeta y, después de varios intentos, derrumbó la morada de mi hermano. Sin perder tiempo, el lobo se lanzó encima de nosotros, pero pudimos esquivarlo y a duras penas llegamos a la casa de nuestro hermano mayor.

No tuvimos mucho tiempo para explicarle lo sucedido, pero rápidamente se dio cuenta de la situación cuando vio venir al lobo. Cuando éste sacó su trompeta otra vez, yo y mi otro hermano nos asustamos, pero mi hermano mayor nos dijo que miráramos a través de la ventana: el lobo soplaba y soplaba, pero la casa permanecía intacta. Pasó toda la tarde haciendo lo mismo.

Al borde de la desesperación, el lobo se fijó en el humo que salía por la chimenea de la casa y se le ocurrió una idea. Desapareció por unos momentos, para luego volver con una escalera. Subió hasta el techo de la casa y se dispuso a entrar por la chimenea.

Mi hermano mayor, rápidamente, colocó una olla con agua sobre el fuego y dejó que el lobo bajara a través de la chimenea. Cuando estaba al final de ella, el lobo saltó sobre la olla, dio un fuerte alarido y salió disparado hacia arriba.

¿Qué había pasado? Pues sencillamente que el agua de la olla estaba hirviendo y el lobo se escaldó. Tal fue su dolor que saltó hacia el suelo, olvidó la escalera y se dirigió hacia lo profundo del bosque. Los tres vimos cuando se alejaba al final del atardecer.

Desde entonces, ninguno de nosotros volvió a encontrarse con el lobo. Después de muchos años nuestros amigos nos contaron que lo encontraron en la ciudad, repartiendo comida vegetariana a domicilio.